Hay veces que pienso que el tiempo se nos vá de las manos. Los días se convierten en semanas, y estas en años, y a los que nos damos cuenta ya somos hombres, aunque a veces nos sigamos comportando como niños.
Ahora que mucha gente de mi entorno y yo mismo, estamos pasando por malos momentos, momentos en que la gente de treintaytantos volvemos con la familia (a la que nunca hay que dejar de demostrar lo mucho que nos quieren), quizá sea el momento de valorar lo que tenemos en la vida. Es hora de valorar, las cosas que importan.
Nunca he sido persona dada a demostrar lo que siento. Siempre he creído que los malos ratos son para uno mismo y no para llenar de gris a la gente que te quiere. Me equivocaba. En momentos (como los de los últimos días) en los cuales todo se te viene encima, y no puedes hacer otra cosa que ahogarte, el tener a alguien que te rescate y te levante, no hay dinero para pagarlo.
Hace unos años, la gran Meryl Streep, protagonizó un drama (lacrimógeno a mansalva), en el cual una enferma de cancer, da consejos a su hija para ser feliz en la vida.
"Es mucho más fácil ser feliz vida mía y optar por amar las cosas que tienes, en vez de anhelar lo que imaginas que te falta".
viernes, 4 de mayo de 2012
domingo, 25 de marzo de 2012
CHICOS PERDIDOS
Me cansa:
-Estar tan perdido.
-Que a los chicos de treinta y tantos, parezca que todo nos va mal.
-El paro.
-La derecha.
-El egoismo.
-Los gritos.
Quiero:
-La sonrisa de mi chico.
-Trabajar.
-Sevilla en primavera.
-Conservar a mi madre muchos años.
-Los amigos.
-El mar.
Cuando pienso en todo lo que me cansa y en lo perdidos que nos tiene a veces la vida, no tengo más que mirar algo como esto, y pensar sólo en lo que quiero. Funciona.
-Estar tan perdido.
-Que a los chicos de treinta y tantos, parezca que todo nos va mal.
-El paro.
-La derecha.
-El egoismo.
-Los gritos.
Quiero:
-La sonrisa de mi chico.
-Trabajar.
-Sevilla en primavera.
-Conservar a mi madre muchos años.
-Los amigos.
-El mar.
Cuando pienso en todo lo que me cansa y en lo perdidos que nos tiene a veces la vida, no tengo más que mirar algo como esto, y pensar sólo en lo que quiero. Funciona.
viernes, 3 de febrero de 2012
VENTIUN DIAS
Normalmente, y con el paso de los años, nos vamos acostumbrando a lo que la vida nos pone por delante. En muchos de esos casos, únicamente nos "conformamos", sin realmente pararnos a pensar si realmente son situaciones que nos hagan felices. La rutina, la costumbre y la vagancia hacen que no reflexionemos en nosotros mismos y en lo que realmente queremos y eso es un tremendo error, ya que con el tiempo nos pasa un precio muy alto a pagar.
Nunca he sido una persona de poner mis sentimientos en bandeja postre. La gente que me conoce, la gente que me quiere, sabe que lo que siento lo demuestro, sin necesidad de adornar situaciones con palabras en vez de con hechos. De vez en cuando, eso si, me salto mi regla, ya que hay momentos que lo valen.
Hasta hace veintiún días, estaba vacío por dentro. Mis días se presentaban grises en una ciudad que no era mía y con una gente que pasaba a mi lado como fantasmas invisibles y aburridos. No recordaba lo que era reír, ni tan siquiera lo que era llorar. Pero ya os dije que las cosas, me iban a ir bien, y lo están haciendo. Todo tiene su momento, todo tiene su lugar y todo tiene su gente.
Siempre he creído en la fuerza de la palabra bien hilada. Considero que con una sola frase, te pueden emocionar, te pueden hacer daño, te pueden hacer querer. El otro día, una persona muy importante en mi vida hoy por hoy, y espero que mañana también me dijo: "QUIERO LUCHAR CONTIGO AHI FUERA".
Ante frases como esa, uno sólo puede dejarse ir, y creerse de la vida, todo lo feliz que puede hacerte.
Veintiún días, pueden ser toda una vida.
Nunca he sido una persona de poner mis sentimientos en bandeja postre. La gente que me conoce, la gente que me quiere, sabe que lo que siento lo demuestro, sin necesidad de adornar situaciones con palabras en vez de con hechos. De vez en cuando, eso si, me salto mi regla, ya que hay momentos que lo valen.
Hasta hace veintiún días, estaba vacío por dentro. Mis días se presentaban grises en una ciudad que no era mía y con una gente que pasaba a mi lado como fantasmas invisibles y aburridos. No recordaba lo que era reír, ni tan siquiera lo que era llorar. Pero ya os dije que las cosas, me iban a ir bien, y lo están haciendo. Todo tiene su momento, todo tiene su lugar y todo tiene su gente.
Siempre he creído en la fuerza de la palabra bien hilada. Considero que con una sola frase, te pueden emocionar, te pueden hacer daño, te pueden hacer querer. El otro día, una persona muy importante en mi vida hoy por hoy, y espero que mañana también me dijo: "QUIERO LUCHAR CONTIGO AHI FUERA".
Ante frases como esa, uno sólo puede dejarse ir, y creerse de la vida, todo lo feliz que puede hacerte.
Veintiún días, pueden ser toda una vida.
martes, 24 de enero de 2012
HARUN Y SU MAR DE HISTORIAS
Siempre me han gustado las historias, las buenas historias. Esta no es ni buena ni mala, sencillamente es mía. La historia de un libro que me ha seguido por el paso de los años y que encontré en mi cementerio de libros olvidados particular.
Hace unos diez años en Sevilla y rebuscando en un cubo de saldos en una librería, encontré un libro titulado "Harun y el mar de las historias". Era un libro de Salman Rushdie, el famoso escritor del polémico "Los versos satánicos". Siempre he tenido debilidad por "los cuentacuentos" y en este caso, este, trataba de eso. Era la historia de un muchacho embarcado en una gran aventura para recuperar la habilidad de su padre, famoso cuentacuentos, que se había quedado sin historias que contar.
La vida y sus misterios, hizo que en una mudanza, extraviara ese libro. Al tratarse de un libro descatalogado, me fue imposible volverlo a encontrar. Años después, una persona importante para mi en aquel momento, me hizo un regalo, y al desenvolverlo me encontré con una edición del libro, la cual había encontrado por obra y gracia de EBAY. Os aseguro que no pude contener las lágrimas. Parece que las cosas buenas de la vida, siempre tienden a volver.
La historia empezaba....
Erase una vez, en el país de Alifbay, una ciudad triste, la más triste de las ciudades, una ciudad tan míseramente triste que hasta había olvidado su nombre.
Estaba junto a un mar lúgubre lleno de peces taciturnos que tenían un sabor tan insípido que te hacían eructar de melancolía aunque el cielo estuviera azul.
Y la historia acababa...Tendréis que encontrar el libro. Yo, no lo presto.
martes, 6 de diciembre de 2011
FINALES Y NUEVOS COMIENZOS.
Inevitablemente, en esta vida y por mucho que duela, todo lo que empieza, suele tener un final o cuanto menos cambiar. Los blogs cambian de nombre, la gente cambia de ciudad, las parejas se rompen, y la vida sigue corriendo.
Como veis este blog cambia de nombre ya que este blogger, cambia de ciudad. Han sido tres años llenos de momentos (unos para recordar y otros para no hacerlo), pero siempre para llevar los buenos conmigo y los malos meterlos en una maleta vieja y dejarla abandonada en cualquier cuneta. Con los años uno aprende a relativizar y a intentar no guardar rencores inútiles, que lo único que aportan son malos momentos carentes de valor. De esos buenos recuerdos, me quedo con el mar de Irlanda, los zumos de naranja en Marrakech, un invierno en Berlin...
No se que me depara la vida (espero que sólo cosas buenas), pero lo que si sé es que lo afronto con fuerza y con ganas de luchar. Vuelvo a mi tierra después de años exiliado por media España. Quizá mi sitio siempre haya estado allí, o al menos ahora lo esté.
Quiero dar las gracias a la gente de Valls que ha estado conmigo en estos momentos duros (donde realmente se distinguen los amigos), y deciros que nos os preocupéis por mi. Va a irme bien. Me marcho con tres años de recuerdos y me llevo algo que nunca sobra y que siempre perdura: buenos amigos.
Esta preciosidad de ojos oscuros se queda en buenas manos. En curioso como un animal puede ofrecerte tanto, dándole tú tan poco. Te voy a echar de menos nena.
Como veis este blog cambia de nombre ya que este blogger, cambia de ciudad. Han sido tres años llenos de momentos (unos para recordar y otros para no hacerlo), pero siempre para llevar los buenos conmigo y los malos meterlos en una maleta vieja y dejarla abandonada en cualquier cuneta. Con los años uno aprende a relativizar y a intentar no guardar rencores inútiles, que lo único que aportan son malos momentos carentes de valor. De esos buenos recuerdos, me quedo con el mar de Irlanda, los zumos de naranja en Marrakech, un invierno en Berlin...
No se que me depara la vida (espero que sólo cosas buenas), pero lo que si sé es que lo afronto con fuerza y con ganas de luchar. Vuelvo a mi tierra después de años exiliado por media España. Quizá mi sitio siempre haya estado allí, o al menos ahora lo esté.
Quiero dar las gracias a la gente de Valls que ha estado conmigo en estos momentos duros (donde realmente se distinguen los amigos), y deciros que nos os preocupéis por mi. Va a irme bien. Me marcho con tres años de recuerdos y me llevo algo que nunca sobra y que siempre perdura: buenos amigos.
Esta preciosidad de ojos oscuros se queda en buenas manos. En curioso como un animal puede ofrecerte tanto, dándole tú tan poco. Te voy a echar de menos nena.
Poco más. De nuevo un enorme GRACIAS y un "NOS VEMOS" igual de grande.
Un abrazo para todos.
sábado, 17 de septiembre de 2011
Nada es imposible y nada es tan complicado.
Tenía el blog muy abandonado, y reconozco que aunque ahora tenga mi mente ocupada en diecisiete sitios, en este caso era pura vagancia.
De vez en cuando, la cabeza de uno vuela más alto de lo habitual, y para mi en estos casos, este blog es un desahogo, un escape, un respiro...
Cuando uno recapacita en las complicaciones que se nos presentan en la vida, no para de pensar, en que lo único que nos la complica somos nosotros mismos. Inseguridades, reproches y demás quebraderos mentales, no dejan de ser meras excusas para lo que realmente nos pasa. Nada es imposible y nada es tan complicado.
De vez en cuando sienta bien pararse a pensar, trivializar y no darle tantas vueltas a la lavadora. Dejarse llevar por los buenos momentos, sonrisas y un día a día repleto de detalles.
La vida es corta, y al ver como se me escapa el tiempo, cada vez lo tengo más claro; los días pasan muy rapido y hay cosas que con los años se me presentan más claras. La felicidad son pequeños momentos que vamos arrancando a días cargados de rutina, y sin esos momentos, somos meros envases sin vida.
Todo sigue y tenemos que mantenernos a flote. Lo único claro con lo que contamos, es que hay que luchar.
Vamos allá.
De vez en cuando, la cabeza de uno vuela más alto de lo habitual, y para mi en estos casos, este blog es un desahogo, un escape, un respiro...
Cuando uno recapacita en las complicaciones que se nos presentan en la vida, no para de pensar, en que lo único que nos la complica somos nosotros mismos. Inseguridades, reproches y demás quebraderos mentales, no dejan de ser meras excusas para lo que realmente nos pasa. Nada es imposible y nada es tan complicado.
De vez en cuando sienta bien pararse a pensar, trivializar y no darle tantas vueltas a la lavadora. Dejarse llevar por los buenos momentos, sonrisas y un día a día repleto de detalles.
La vida es corta, y al ver como se me escapa el tiempo, cada vez lo tengo más claro; los días pasan muy rapido y hay cosas que con los años se me presentan más claras. La felicidad son pequeños momentos que vamos arrancando a días cargados de rutina, y sin esos momentos, somos meros envases sin vida.
Todo sigue y tenemos que mantenernos a flote. Lo único claro con lo que contamos, es que hay que luchar.
Vamos allá.
lunes, 7 de marzo de 2011
Toca volver.

Se la echa de menos.
Será porque las fiestas de primavera se acercan, será por el solito de la plaza de El Salvador o será por un acento, que hay veces que lo empiezo a sentir ya lejano, o quizá no tenga que haber razón alguna; sencillamente hay que volver a Sevilla.
Al principio no me gustó. Llegué en enero del año 2000, y me pareció una ciudad bulliciosa, corralera e intimidante, pero los meses fueron pasando y se fueron llenando de damas de noche, de sentido del humor, de conciertos en El Alcazar, de Alameda de Hercules y de buenos amigos.
Con el tiempo la hice mía. El Guadalquivir, comer de pie en una barra repleta de gente o pasear por Santa Cruz, se hizo algo tan habitual, como el respirar.
Pero todo tiene su momento en esta vida, y el mío ahora es otro.
Volveré Sra. Mia, y no tardare mucho, porque como dijo Pérez Reverte en su prologo de "La piel del tambor": "todo en esta novela es ficticio, excepto el escenario. Nadie podría inventarse una ciudad como Sevilla...
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